lunes, octubre 19, 2009

CARTA DE MIGUEL PASQUAU A LOS RODRIGUEZ

CARIÑOSA CARTA QUE DEDICA MIGUEL PASQUAU " RODRIGUEZ DE PLENO DERECHO" A SU COMPAÑEROS DE EQUIPO Y AL RESTO DE LOS PARTICIPANTES EN LA XX EDICION DEL TROFEO RODRIGUEZ.
Queridos Rodríguez de la Promoción XX:
Cuánto lamento que la dirección del Psiquiátrico no me haya dejado asistir a la Gran Cena del día 14. He insistido, he jurado y perjurado que no se trata de jugar más al tenis, que sólo es comer y reír, quizás también beber un poco, pero que no habrá raquetas ni pelotas. Aún así, el equipo médico me lo ha desaconsejado por los efectos secundarios que pudieran desencadenarse.
Al parecer (yo no lo recuerdo bien) ingresé en este Psiquiátrico a finales de julio, después de haber jugado tres partidos de tenis seguidos con un tal Cebrián, un tal Espadafor y un tal Bordóns, o quizás fueron Cebróns, Borpadafán y Carmelo De la Rosa, no lo sé bien. Tenía, según dice el Informe, la mirada perdida, y un tic en el brazo que compulsivamente se movía desde atrás hacia delante. Veía bolas de tenis imaginarias viniendo por lo alto, y yo intentaba sacudirles fuerte, pero también parece que con frecuencia me lamentaba, creo que incluso llorando y gimiendo, porque acababan yéndoseme a la red o fuera. Pero el problema no era el llanto por la bola perdida, sino que de nuevo, una y otra vez, llegaba otra bola. Otra, y otra, y otra, y otra, desde el fondo, hacia arriba, tranquilita, quizás con un leve efecto perverso, diciéndome: “¡¡PÉGAME FUERTE!!”, y yo, ¡plas!, con toda mi alma, y con saltito heterodoxo incluido: la primera al revés, la segunda a la derecha, la tercera... A la red. Y cuando la tercera entraba, entonces el contrincante (a veces tenía el cuerpo de Espadafor y la cara de Bordóns, otras veces era al revés, y con la barba de Cebrián y la socarronería de De la Rosa), daba pasos apresurados, subía a la red, me miraba, se reía, se carcajeaba de mi, y ¡plim!, muy suavemente la ponía en el punto opuesto, cerca de la línea, pero suficientemente dentro como para que ni siquiera pudiera decir “¡se ha ido!”.
Así una y otra vez, amigos. Y yo no paraba de decir incoherencias, según los doctores: “¡Cuarenta iguales para hoy!”, o, qué sé yo, “¡Falla una vez, tío!”, o “Dame la bota, que me voy”. Cosas raras, que los doctores no lograban entender. En otras ocasiones me pillaron de rodillas, adorando a un tal Villalobos, a quien le suplicaba algo así como “Perdona, Oh Señor, mis dobles faltas y mis faltas dobles, en dobles y en simples”. Al parecer, ese dios Villalobos me imponía como penitencia un tie-break de treinta puntos con cinco de diferencia, mientras un tal Manolo Moreno me señalaba la Bota, diciendo: “la verás, pero no la catarás”.

Muy mal tuve que estar aquél tiempo. Tomé la medicación que me fue impuesta, y estoy a la espera de que me den el alta. Desde aquí os saludo, y os pido un brindis por este Rodríguez novato que ya está deseando, con permiso de los doctores, que llegue la edición número XXI. Guardadme un buchecito, y pasadlo bien.

Ex número 2. Miguel Pasquau.

No hay comentarios: